“Todo va a estar bien” Cuatro palabras que casi me arrebatan el alma

No sé cómo empezar a contarles ni a contarme a mí esto. Llevo años ignorando y solo empezar a escribir y recordar, se me aprieta el pecho y no puedo contener las lágrimas. Creí que tenía mala memoria, pero me acuerdo mucho de aquel día, como las hojas se movían con él viendo, la soledad de las calles, el peso de mi cuerpo, mi desorientación, me acuerdo de haberle dicho a mi hermana la noche anterior que todo iba a estar bien y que sin importar lo que pasara yo estaría para ella. Después de muchos meses de embarazo y una lucha contra el cáncer un día todo empeora y mi madre tuvo que ser internada en una clínica, yo fui solo una vez, ya que no me dejaban ir, porque en el momento era poco lo que podía ayudar, nunca imagine que tan grabe era, no sentía que lo fuera y solo sentí todo el tiempo que era algo más de las muchas cosas que mi mama iba a superar con éxito en la vida. La vez que fui a cuidarla al hospital, me acuerdo haber hablado con mama de muchas cosas. Ella estaba internada en un cuarto de hospital bastante bello, había un televisor que daba pocos canales y al lado de la camilla había un sofá donde dormíamos los que la cuidábamos, ese día me acuerdo de que vimos la película de Willy Wonka y me dijo que era de sus favoritas, también me dijo que le urgía un helado, me dijo que lo que hiciera lo hiciera bien y que no pensara tanto en por qué sino en el para qué. Un día tome la decisión de decirle a mi hermana que yo quería cuidar de mamá y para mi sorpresa me dejaron aunque a veces no todo sale como lo pensamos ni como lo planeamos, ya que Ese día mi hermana llamo a eso de las 5 de la tarde a decir que mamá no se sentía muy bien, y que madrugara a llevarle unas cosas que necesitaba, yo esa misma noche empaque todo con la ilusión de verla, me acosté en la cama de mi madre con Samantha mi hermana menor que en ese momento tenía 4 años, la abrace y le dije que todo iba a estar bien y que yo siempre estaría para ella, la arrulle y nos quedamos dormidas. ¿Nunca se han detenido a pensar cuándo será su última noche o la noche de quien amas? Nunca he odiado tanto despertar ni que alguien me despierte como esa mañana donde el esposo de mi madre me levanta y sin mayor gracia o delicadeza me dice “Sara, levántese que su mamá murió y tenemos que ir al hospital” yo no sé si fue el dolor que me causo un estado de shock, pero yo no creí, solo grite y pedí que por favor no jugaran con eso, confundida con el corazón acelerado cogí el bolso donde estaban todas las cosas que debía llevarle ese día y arranque con Walter para el hospital, en el camino sentí que nada era real, una sensación de desconocimiento, no lloraba, pero tampoco reía, solo observaba, pensaba “si me dejo ir y me tiro de esta moto de una vez por todas”, pero algo en mí me decía y si mamá está viva… el trayecto se me hizo corto porque mi mente simplemente no estaba en este plano, cuando llegue al hospital corrí exigiendo ver a mi mamá, y al llegar al cuándo la vi, ahí, acostada, tranquila, mamá había fallecido y en ese momento lo supe, supe que si era grave, supe que si debí cuidarla más, y solo sentía que debía haber hecho algo, haber estado, haberla cuidado, me inundaron los pensamientos “no la protegí”, y ahora ya no estaba, me abalance sobre ella y me acosté a su lado, aún estaba calentita, y yo le acariciaba sus cachetes y la abrazaba, en ese instante solo pensaba en estar a su lado mientras todos en el cuarto estaban acongojados y lamentándose por sus propios demonios o faltas. Al pasar los minutos entro una camilla metálica y fría acompañada de dos hombres vestidos de esmoquin negro, en sus caras solo había frialdad, en ese momento mi hermana se acerca y me dice que debo dejar que se lleven a mi mamá y yo que solo quería estar a su lado siempre y no soltarme nunca más y con voz de enojada y reclamo les dije “para donde se llevan a mi madre, si Es mi madre porque se la quieren llevar“”y después de no haber soltado una lágrima durante el trayecto de la casa al hospital en mis mejillas empieza a caer una cascada, mi llanto era desconsolado, mi cuerpo se sentía caliente, me dolía la espalda, la cabeza se me hincho y no podía respirar, mi hermana me agarro mientras se llevaban a mi madre. En muchas conversaciones Mama en vida pidió que no la velaran, ella decía que no quería que fueran a verla después de muerta, que lo único que importa es lo que pasa en vida, por lo que no hubo una noche de lamentos, de caras tristes, de chismes y comentarios, no hubo tinto ni aromática, lo cual le agradezco a mi mamá, porque sinceramente lo que menos quería recibir en ese momento era palabras de consuelo de extraños o familia que no significaron nada para la vida de mi madre o la de mis hermanas. Aunque ese mismo día en la clínica la llevaron a un cuarto y nos dieron unos minutos para orar y despedirnos en esas llegó la abuela, mi tío, su esposa, Cada uno tenía su manera de decir adiós, unos con un avemaría, con un padre nuestro, otros solo lloraban en silencio y uno que otro solo estaban ahí, yo por mi parte estaba furiosa con la vida, con mi mamá, conmigo, con Dios. En medio de la despedida entra una monja a orar, yo escuché y en esas una de las cosas que dijo fue “no piensen en el porqué, sino en el para que” al escuchar esto recordé las palabras de mi madre y con ira le reclame y le dije “Si Dios nos ama tanto porque le hizo esto a mi mamá” ella solo me abrazó, y me dijo palabras que hasta el día de hoy no recuerdo, porque la ira en este momento solo me hacía escuchar, sentir y ver con dolor. El carro fúnebre se la llevó para cremarla y nos dijeron que la esperamos en casa… yo cogí taxi con mi familia y mientras íbamos discutíamos si era bueno decirle a Samantha o mentirle, a lo que mi hermana mayor y yo tomamos la decisión de ser sinceras con ella. Al llegar nos reunimos con ella y le contamos todo lo que sucedió y que mama estaba en el cielo ahora cuidando de ella, Samantha empezó a llorar desconsolada, yo corrí y la abrace, la lleve para la terraza y ella se empezó a encaramar en un muro alto con las manos extendidas al cielo y gritaba Mama, mama, reclamando como si algo le hubiera sido arrebatado, por mi parte yo no lloraba, me encerré en un caparazón, la abrace y le propuse ir a jugar, me quede con ella todo el día distrayendo nuestra perdida. Ese día algo pasó en mi corazón, me helé, era como si no pudiera sentir o llorar y en lo único que pensaba era en Samantha. No acogí mi dolor, solo sentí que debía ser fuerte, hacerme cargo y estar para mi familia. En ocasiones intentaba obligarme a llorar, a sentir tristeza, pero era como si lo único que pudiera sentir era rabia y una necesidad de proteger a mis hermanas. El perder a la persona que más amo casi me destruye, por muchos años me hundí en un abismo donde lo único que esperaba era el día donde no despertara más, pero aun con todo y mi dolor nunca me di por vencida porque siempre me acuerdo quien es mi madre y sary Borja me enseño a ser valiente, a enfrentar la vida, a superarme, sonreír, amar, equivocarse y repararlo mi mamá me enseño que no es el porqué, sino el para que, y que rendirse nunca es una opción.


EN HONOR A SARY BIRLENISE BORJA TORO 




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